Aclarando dudas

March 10, 2017

 

El contra-condicionamiento y el refuerzo diferencial incompatible

 

El contra-condicionamiento, visto desde un contexto aplicado a la modificación de conductas inadecuadas, es una técnica de condicionamiento clásico que se diferencia del condicionamiento que se ha generado inicialmente. Se ve en la respuesta nueva que remplaza o intenta remplazar la respuesta adquirida por un determinado estimulo. Es decir, que el mismo estimulo va a dar una respuesta condicionada diferente. En teoría lo que se busca es que ese estimulo, que posiblemente dé una respuesta condicionada anómala (miedo, agresividad, euforia, etc…) genere como nueva respuesta condicionada, una conducta “normal” (emoción positiva, tranquilidad, sosiego, etc...).

 

Un ejemplo sencillo sería el del perro que  tiene miedo a los ciclistas, si presentamos ese estimulo (ciclistas) de una manera controlada y con la distancia adecuada, previniendo los imprevistos, recompensando al perro cuando vea los ciclistas en esas condiciones.  Si hacemos bien el proceso, el resultado debería ser una respuesta de expectativa positiva para el perro (esperanza de obtener la recompensa), cada vez que está en presencia de los ciclistas. Diríamos entonces que está contra-condicionado a ese estimulo en particular. Pero no es tan sencillo como lo dice la teoría, ya que hay muchos factores que van a intervenir en dicho proceso; el escenario, la motivación del animal, nuestra implicación en el proceso, etc… Posiblemente sea casi imposible contra-condicionar un estímulo del todo, ya que ese mismo estímulo al cambiarlo de escenario o modificar un poco el contexto, probablemente nos genere un comportamiento igual al condicionamiento previo e incluso una respuesta nueva peor a la inicial. Esto no quiere decir que sea poco valido, ni mucho menos, pero es importante conocer claramente su definición y sus límites.

 

EL refuerzo diferencial incompatible (RDI) es, a diferencia del contra-condicionamiento, un protocolo de reforzamiento de conductas deseadas y extinción de las no reforzadas. Lo que buscamos es que el perro repita con mayor frecuencia las conductas reforzadas y no ejecute las anómalas al no ser reforzadas. Hay que aclarar que no modifica la conducta del todo, pero al menos tendremos control sobre ella, siempre y cuando se haga bien.

 

Un ejemplo típico de RDI es el del perro que salta sobre nosotros para saludarnos. Si le enseñamos a sentarse justo cuando nos ve y reforzamos esa conducta (sentarse) con caricias o premios e ignoramos cuando salta sobre nosotros, la conducta de sentarse tiende a repetirse más por ser la más reforzada, y el saltar tiende a extinguirse. En el caso de conductas agresivas el RDI es una buena alternativa ya que en presencia del estímulo desencadenante de la agresividad, ocuparemos al perro en otro comportamiento que sea incompatible con la respuesta a la agresividad. Es decir un perro haciendo un junto bien entrenado no puede desencadenar la respuesta agresiva mientras hace el junto, o un perro haciendo trabajos de olfato le sería imposible las dos cosas a la vez; morder y buscar con su nariz.

 

 

 

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